ECLIPSE ÁUREO: La Espiral áurea aplicada a la secuencia de un eclipse
- Jesús M. García Flores

- hace 2 días
- 4 min de lectura
Cuando pensamos en fotografiar un eclipse, normalmente nuestra atención se centra en aspectos técnicos: la planificación, la exposición, los filtros solares, los tiempos de contacto o el equipo que vamos a utilizar.
Pero una vez tenemos las fotografías, aparece otra cuestión igualmente importante: ¿cómo podemos organizar visualmente todas esas fases para construir una imagen que funcione como una composición y no simplemente como una sucesión de fotografías?
Para esta imagen decidí utilizar como estructura compositiva la espiral áurea, haciendo que las diferentes fases del eclipse recorran progresivamente la composición hasta conducir nuestra mirada hacia el momento más importante: LA TOTALIDAD.

Montse González
Pero antes conviene aclarar algo que suele generar cierta confusión: la espiral áurea y la conocida como espiral de Durero no son exactamente lo mismo.
La proporción áurea
La proporción áurea es una relación matemática que se representa mediante la letra griega φ (phi) y cuyo valor aproximado es: φ = 1,618
Esta proporción está estrechamente relacionada con la sucesión de Fibonacci, una secuencia numérica en la que cada término se obtiene sumando los dos anteriores:
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34…
A medida que avanzamos en esta sucesión, el cociente entre dos números consecutivos se aproxima progresivamente al número áureo, φ.
A partir de esta proporción podemos construir el conocido rectángulo áureo.
Si vamos dividiendo ese rectángulo sucesivamente en cuadrados, manteniendo la proporción áurea en los rectángulos restantes, obtenemos una estructura que puede utilizarse como guía para construir una espiral.
Esta estructura resulta especialmente interesante en composición porque genera una sensación de crecimiento y movimiento que conduce progresivamente hacia una zona determinada de la imagen.
En fotografía podemos aprovechar precisamente esa característica para establecer un recorrido visual.

¿Qué ocurre con la espiral de Durero?
Aquí encontramos una diferencia interesante.
Albrecht Dürer —Alberto Durero— estudió y representó diferentes construcciones geométricas de espirales en su tratado sobre geometría del siglo XVI. Por ello encontramos frecuentemente determinadas construcciones realizadas mediante arcos de circunferencia asociadas a su nombre.
La diferencia importante está en cómo construimos la curva.
Visualmente ambas pueden parecer muy similares, especialmente cuando la construcción aumenta de tamaño, pero matemáticamente una sucesión de arcos de circunferencia no constituye exactamente la misma curva que una espiral logarítmica áurea.
Por eso es importante distinguir entre la estructura proporcional que utilizamos como herramienta compositiva y la definición matemática estricta de la curva.

¿Por qué utilizar una espiral para representar el eclipse?
En mi composición no quería simplemente colocar las diferentes fases del eclipse formando un círculo o distribuirlas a intervalos regulares.
Quería que existiera una dirección clara de lectura.
La espiral me permitía comenzar con las primeras fases parciales y hacer que el recorrido avanzara progresivamente hacia el interior hasta alcanzar el acontecimiento visual más importante de toda la secuencia: la totalidad.
De esta forma, la propia geometría de la composición ayuda a contar el momento mágico que vivimos el 12 de agosto.
No estamos viendo únicamente diferentes fases del eclipse. Estamos recorriendo visualmente la evolución del fenómeno hasta su momento culminante.
Un detalle importante: he rotado las fases
Existe además una decisión compositiva que conviene explicar.
Las fotografías parciales no mantienen necesariamente la orientación real que presentaban en el cielo.
He rotado deliberadamente cada una de las fases.
¿Con qué objetivo?
Para conseguir que la parte eclipsada del Sol, ese característico “mordisco” producido por la Luna, vaya orientándose visualmente hacia el interior de la composición y, finalmente, hacia la totalidad. Es una decisión estética y compositiva.
La orientación de cada eclipse parcial funciona prácticamente como una pequeña flecha visual. Nuestro cerebro interpreta esa abertura y esa dirección y tiende a continuar el movimiento hacia donde está orientada.
Así, además del recorrido creado por la propia espiral, aparece un segundo elemento que refuerza la composición: la dirección de las fases.
Ambos recursos trabajan conjuntamente para conducir la mirada hacia el centro de interés.
La totalidad como punto de máxima atención
La totalidad ocupa deliberadamente una posición privilegiada dentro de la estructura.
A medida que seguimos las fases parciales, el tamaño aparente, la repetición, la dirección y la curva generan un recorrido que termina en una imagen completamente diferente a las anteriores.
Desaparece el disco solar amarillo y aparece la corona.
Ese cambio produce una ruptura visual muy fuerte.
Por tanto, la totalidad funciona simultáneamente como final narrativo y punto focal de la composición.
La geometría nos lleva hasta ella y el contraste visual hace que nuestra mirada permanezca allí.
La geometría como herramienta, no como obligación
La proporción áurea, la espiral, la regla de los tercios, las diagonales o cualquier otro recurso compositivo no deberían entenderse como reglas que una fotografía tenga que cumplir.
Son herramientas.
En este caso concreto, la espiral resultaba especialmente apropiada porque su propia naturaleza transmite crecimiento, recorrido y progresión.
Y eso coincide perfectamente con aquello que quería contar: el avance del eclipse desde sus primeras fases parciales hasta la totalidad.
La geometría no es, por tanto, el objetivo de la fotografía.
Es simplemente la estructura invisible que me permite organizar los elementos para que la mirada del espectador recorra la imagen exactamente en la dirección que quiero.
Y cuando esa estructura deja de percibirse conscientemente, pero continúa guiando nuestros ojos por la fotografía, es cuando realmente comienza a funcionar la composición.

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